Francisco organizó un mannequin challenge en el Vaticano

El Papa recibió el 2017 con mucha alegría. Según mis fuentes, durante las primeras horas de este año, el Sumo Pontífice paseaba por los pasillos de la Santa Sede cantando alabanzas al Señor, y su buen ánimo contagiaba a los demás.
Se lo vio regalando rosarios a los turistas y en otras ocasiones, posaba con los más jóvenes para regalarles una selfie.

Su alegría por el comienzo de año lo llevó a organizar un singular festejo: un mannequin challenge con sus amistades.

Durante la pasada semana, envió mensajes de Whatsapp a todos sus amigos y conocidos: cardenales, obispos de Italia, hijos de amigos argentinos que residen en ese país, miembros del cuerpo diplomático vaticano, algunos guardias suizos y, como esperaban todos, también invitó a la estrella del challenge, el papa emérito Benedicto XVI.

Todo iba bien. Los invitados se reunieron en el Vaticano. Llegaron ellos y a los pocos minutos apareció Francisco. Saludó a la multitud con un sencillo ¿Todo bien, muchachos? y un pulgar hacia arriba.

Uno de los invitados bromeó: —El Papa ya nos dio un “Me gusta” y todavía ni empezamos.

Francisco dio la orden de comenzar a posar según lo acordado la noche anterior en Whatsapp con un fuerte aplauso.

La organización había sido bastante compleja. Todos tenían su rol perfectamente establecido y no podían moverse ni un milímetro más allá de lo establecido.

Los cardenales se dividían en dos grupos: estaban aquellos que rezarían en silencio, con un rosario o una Biblia en sus manos, y el segundo grupo sería conformado por los que contemplarían una imagen de una virgen, del Niño Dios o los frescos de la Capilla Sixtina.

Un grupo de monaguillos fue conminado a lavar el papamóvil con agua bendita.

Dos amigos argentinos se encargaron del mate y las facturas (los sacramentos y las bolas de fraile fueron prohibidos a último momento).

Al momento de escuchar la orden, todos se quedaron inmóviles mientras una religiosa llamada Giulietta comenzó a grabar con su GoPro.

Lamento comunicar que todo salió mal. El mannequin challenge papal fue un fracaso.

Todo comenzó con un error de los argentinos, que comenzaron su actuación cebando el mate, que se llenó rápidamente. Estaban tan concentrados que no pudieron percatarse de su error para poner el termo en posición vertical, lo que provocó que las medialunas se mojaran. El agua a 80° cayó por el borde de la mesa, les quemó las piernas y gritaron con toda la fuerza por el repentino dolor.

El guardaespaldas Domenico Giani, que estaba congelado con su Beretta en mano, dejó escapar un disparo cuando, en medio del silencio, se escucharon los alaridos de dolor. Pensó que el Papa estaba siendo atacado y reaccionó de la manera en que fue entrenado.

En este momento, el Papa estaba muy nervioso. No podía dejar de mover su incensario. Ordenó volver a empezar.

Tras el disparo, los participantes volvieron a posar, intentando disimular que estaban temblabando por el susto.

Benedicto XVI sonreía con una mano en alto, como recordando su reciente pasado de giras mundiales con saludos frente a las multitudes.
De repente sintió que algo acariciaba repetidas veces su pierna. Se trataba de Contessina; la gata intentaba llamar la atención de su dueño.
La sensación en su pierna le provocó sonrisas que intentaba disimular con poco éxito.

Los monaguillos se encontraban lavando el vehículo oficial del Papa. Recibieron la orden de no usar detergentes, pero lo olvidaron. La imagen de la espuma deslizándose por los cristales del coche atentaba contra la estética de un buen mannequin challenge.

Los cardenales no pudieron actuar. Comenzaron a rezar cada vez más rápidamente en voz alta y otros se emocionaron y cayeron llorando a los pies de la Virgen María.

La cara del Papa no era la mejor. Su incomodidad no podía ser más evidente. Su sonrisa era ya un recuerdo, y no podía mantener su incensario en estado de paz total.

En un momento dijo “¡Basta che, se me acabó la paciencia!

Enojado y sin ocultarlo, continuó: “Pero ¿para esto vienen? ¡Se comportan como chicos, y son hombres grandes! ¿Tienen idea de lo mal que me hacen quedar ante Dios? ¡Al final el único que hizo todo bien fue Jesucristo, porque está en el crucifijo!

El incómodo momento continuó. Pidió ver el video y todo empeoró: “¡Una cosa es verlo en primera persona, y otra muy distinta es ver la grabación de este festival de espuma, rezos y tiros! ¡Qué porquería! ¡Queda prohibido subirlo a YouTube o vamos a perder todos los fieles!

Luego pidió la cámara, la sumergió en agua bendita hirviendo y, para quedarse tranquilo, le pidió el arma a Giani, disparó a la cámara hasta vaciar el cargador y se fue a su habitación de la Casa Santa Marta para descansar. Necesitaba un momento de paz.

Finalmente los invitados se retiraron, cabizbajos, ignorando si habría otra oportunidad. Pero no se preocuparon mucho: ellos saben que el Papa y Dios saben perdonar.

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