Benedicto XVI mejora su español y estudia lunfardo

Tanto el 23 de diciembre —en vísperas de Navidad— como el 27 del mismo mes —en vísperas de año nuevo—, Francisco invitó a su antecesor Benedicto XVI a compartir un almuerzo con el fin de hablar, reflexionar y festejar estas dos fechas tan importantes.

Entre opípara comida, exquisitos vinos mendocinos, largas charlas y minutos de lectura de la Biblia, el almuerzo duró casi tres horas. Durante el transcurso de la celebración, un grupo de periodistas aguardaban en las puertas de la Casa de Santa Marta al emérito papa para hacerle preguntas y pedirle algún mensaje esperanzador de fin de año dirigido a los millones de fieles que la Iglesia Católica tiene alrededor del mundo y que no se olvidan de él.

Sorprendió el hecho de que ante preguntas formuladas en alemán, italiano y latín eclesiástico, el emérito Ratzinger respondiera en perfecto español rioplatense. Dijo: «No, muchachos. Las preguntas me las hacen en español o minga me van a entrevistar. Y ahora vamos a algún salón del Vaticano, porque acá hace un fresquete que pela los huesos».

En el camino hacia la entrada de la Santa Sede, uno de los periodistas allí presentes encendió un cigarrillo. Benedicto XVI lo miró y sin titubear le dijo: «Vos apagá el pucho, flaco, o te voy a hacer sacar carpiendo de acá por un rati suizo».

Apenas ingresaron al Vaticano, el desorden y la desesperación de quienes querían ser los primeros en preguntar eran evidentes. Al observar la escena, Ratzinger aclaró que no iba a aceptar «una entrevista hecha a los ponchazos» y se preparó para responder. Alguien le preguntó por qué había decidido retomar el estudio del español. El emérito respondió:

«Mirando unos videos de mi visita a México y la JMJ de España noté que mi nivel de español andaba medio flojito, y ahí nomás vi la posibilidad de aprender todo lo que me faltaba con la ayuda de Francisco, que habla español como los dioses. Es un groso entre los grosos y hay que entenderlo en su lengua materna porque es el Papa y el Barba quiere que lo escuchemos, así que voy a parlar en lunfa desde ahora».

Otra de las preguntas fue por su salud. La respuesta fue corta pero concisa: «Añoro esos tiempos de juventud que se han ido. Antes era un muchacho atlético. Agarraba el coche de mi viejo y me recorría media Alemania a los santos cohetes. Si se me acababa la nafta y la policía me quería agarrar, corría como Bolt y se quedaban con las ganas de agarrarme. Ahora me chilla la osamenta y puedo hacer pocas cosas», lamentó.

Pero las siguientes preguntas que sucedieron a las primeras fueron mal formuladas,  eran de poca importancia o preguntaban acerca de cosas sobre las cuales el emérito ya había hablado muchas veces. Por eso se paró e hizo un pedido: «Pónganle más entusiasmo che, yo creí que esto iba a ser algo alegre, algo bien pum para arriba y resulta que me están haciendo bostezar de lo lindo».

Luego de unos segundos de silencio, alguien le preguntó si tenía algún consejo para los jóvenes. La respuesta fue: «Les aconsejo que recen mucho y que le pidan ayuda a Dios para que sus esfuerzos sean fructíferos. Leer la Biblia es una actividad que todo católico debe hacer, y más si es joven y está confundido o desorientado en la vida. Otra cosa que les recomiendo es alejarse de las drogas, y consumir alimentos de calidad para tener el balero funcionando de diez hasta la vejez».

Todo cambió cuando unos maullidos desesperados interrumpieron la reunión. Era uno de los tantos gatos que Benedicto XVI tiene en su residencia. Lo llamó: «Michi, michi, vení para acá. ¿Tenés hambre, eh? ¿Querés un poco de morfi?».

Alzó a su pequeño felino entre sus brazos y se despidió: «Me voy al sobre a dormir una siestita, che. Tengo unas ganas de caer planchado sobre la catrera para apolillar un rato que ni les cuento. Chau».

Para hacer una despedida inolvidable, tomó una manito de su gato y la movió como si fuera la mano de alguien que se despide de un amigo que se va en un tren.

Debemos agradecerle al Señor por darle tanta alegría y años de vida a nuestro emérito papa Benedicto XVI.

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4 comentarios en “Benedicto XVI mejora su español y estudia lunfardo

  1. Yo creo que más útil sería qué aprenda bien el español para q les enseñe a hablar a los chilenos y de paso vuelve a ese país a las manos del señor. Lo necesitaran ahora más q nunca con el gobierno de Bachelet

    1. Él habla bien el español. Y no quiere enseñarles a los chilenos porque cree que será inútil. Sólo un milagro del Señor podría mejorar la ortografía y el vocabulario de los chilenos.

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