Alegría vaticana: guardias suizos cantan el Chuchuá

Francisco y los guardias

Un día antes de la celebración del cumpleaños papal, un grupo de niños asistieron con sus familias al Vaticano para saludar al Papa y desearle muchos años de vida y salud. Pero hubo algo que les causó intranquilidad, y eso fue la presencia de la famosa Guardia Suiza Pontificia.

Antes de pasar al salón de huéspedes de la Santa Sede, los niños debieron cruzar muchos metros de terreno vaticano fuertemente custodiado por guardias suizos. Muchos de los enanos ignoraban qué era lo que hacían esos coloridos hombres armados, y sintieron miedo.

Minutos después de ingresar al salón, apareció el Papa, quien saludó muy sonriente y regaló caramelos y alfajores. Pero los niños no lograban tranquilizarse y permanecían casi callados y con miedo en sus miradas. El Papa, hombre muy hábil y amigo de las criaturas (como todo buen hombre de la Iglesia) advirtió este miedo y procedió de una manera muy inteligente: buscó la manera de demostrarles que los guardias son hombres buenos que protegen a Su Santidad y a la Iglesia toda.

Sin pensarlo mucho, Francisco fue hasta la puerta y miró a uno de los guardias. Mientras le hacía señales de invitación, le dijo «Vení, flaco, entrá». Apenas el guardia ingresó, Francisco comenzó a hablarle al oído. Luego, el guardia se retiró rápidamente.

Pasaron pocos minutos y un aténtico batallón de guardias suizos entraron al salón, muchos de ellos provistos de instrumentos musicales. Los niños miraban atentamente y no entendían nada.
«Vamos afuera, che», ordenó el Sumo Pontífice. Y todos salieron.

Una vez en el exterior del Vaticano, Francisco explicó todo: «Bueno, muchachos, ahora van a cantar una canción infantil muy famosa en mi país. La letra es muy sencilla y les va a tomar poco tiempo aprenderla. Después podrán cantársela a sus hijos».

Y así comenzó lo que sería una tarde única. Con paciencia y repitiendo lo mismo una y otra vez, el Papa logró que los guardias cantaran para agasajar a sus pequeños huéspedes.
La canción elegida por el Sumo Pontífice fue Chuchuá, del payaso argentino y músico infantil Piñón Fijo.

El espectáculo pudo ser disfrutado durante más de dos horas con total tranquilidad, pero en un momento de alegría, brazos extendidos y dedos arriba, un guardia olvidó guardar su arma reglamentaria, que en ese momento estaba empuñando. Desafortunadamente, mató una paloma que pasaba a vuelo rasante. El Santo Padre, al ver al animal que caía abatido, dijo «Huy, pobre paloma, sonó».

Al finalizar la actuación musical, todos los niños estaban felices, saltaban y bailaban y ya habían perdido ese miedo que los había invadido al principio.

Francisco se despidió de los niños y saludó a sus padres. Les aconsejó «tomar toda la sopa» y también «hacerse amigos de los brócolis para tener el bocho funcionando de diez hasta la vejez», y antes de irse les pidió que rezaran por él.

Quienes estuvieron allí dicen que fue un día especial que jamás olvidarán. Y este también es un día especial, porque el post que acabas de leer es el último post de 2013 sobre una noticia papal.

Recen si quieren más posts como este en 2014. Y dejen sus comentarios.

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