«El Papa tiene las cartas por el suelo»

Así lo asegura el servicio postal de Ciudad del Vaticano. Es porque, durante los últimos meses, el volumen de cartas recibidas fue aumentando considerablemente hasta alcanzar la extraordinaria cantidad de dos mil cartas por día. En este post hablamos sobre los detalles que se ocultan detrás de esa cifra.

Ángelo Antonio Riggieri es el hombre que está al frente de las oficinas del servicio postal del Estado Vaticano. Luces unos brazos musculosos y se nota que está cansado. No pierde el buen ánimo, habla rápidamente y ofrece un café. Cada dos minutos se ve obligado a interrumpir el diálogo para atender a la gente que trae pilas y pilas de cartas. Pero no puede solo. Es por eso que tiene otros ayudantes que colaboran con él.

Este buen hombre regala detalles sobre su trabajo como un buen artista regala alegres pinceladas: «Gracias a Dios, trabajo no falta, pero es muy cansador». Y no pierde tiempo antes de continuar explicando las contras de su trabajo: «Mira qué músculos tengo. Esto es por estar todo el día recibiendo enormes cantidades de cartas que me echan encima de los brazos, como si fuera un robot de titanio», explica Ángelo con un gesto que expresa su cansancio muscular.

Uno de sus ayudantes, Luciano Cazzoletti, revela algunos detalles que casi nunca pasan los límites del lugar de trabajo. Dice sobre las cartas: «A veces las quemamos apenas las recibimos, y vamos con un pequeño puñado de cartas hasta la oficina del Papa. Él respira aliviado y agradece a Dios porque podrá responder a todos. Más alegre se pone cuando ve que son cartas escritas en japonés, tamil, ucraniano, catalán o alguno de esos idiomas tan extraños que no entiendo cómo algunos pueden estudiar. Las que están escritas en alemán se las mandamos a Ratzinger para que no se aburra. Ya está cansado de leer la Biblia, y para el que recibe una respuesta del Vaticano es lo mismo cualquier papa, no importa si está escrita por el emérito o el que todavía no abandonó el arca.
Sabemos que no es lo más honesto que podemos hacer, pero ver alivio en la cara del cansado Papa es algo muy bueno y seguro el Señor nos dará algún premio como muestra de agradecimiento».

Todo el Vaticano está preocupado por la salud del Santo Padre. «Si no responde una carta siente que abandona a las personas, eso le produce mucha culpa y por tal razón se la pasa todo el santo día ahí sentado con un bolígrafo en la mano», asegura una de las religiosas que siempre hace alguna consulta al Sumo Pontífice antes de preparar la comida.

Uno de los guardaespaldas del Vaticano ingresó a la oficina personal del Papa, que está ubicada en una de las modestas habitaciones de la austera casa de Santa Marta (apenas luce algunos crucifijos de oro puro en sus paredes), e intentó calmar al Santo Padre. Eran las 3:45 am cuando el guardaespaldas posó su mano en el hombro de Francisco para decirle «El momento de tomar un buen descanso ha llegado, amigo». No había terminado de pronunciar la última palabra cuando el Papa giró rápidamente su cabeza y le mordió el brazo izquierdo, como si fuera un acto involuntario de defensa.

Avergonzado y triste por haber agredido a un hermano, el Papa se disculpó apenas pudo sacarse el reloj del guardaespaldas de la boca. Porque es una persona muy humilde, pidió perdón: «Estaba abstraído y pensé que el diablo quería detener mi labor católica. Discúlpame, hermano».

Habla el Papa

Francisco comienza a hablar sobre esta verdadera avalancha de mensajes. No está tan contento como algunos creen que debería estar. «Sé que mucha gente lo hace con buenas intenciones, pero recibir esta lluvia de cartas cada mañana es bastante molesto. Primero, porque no las puedo leer todas. Segundo, porque no puedo responder a todos. Y tercero, porque a veces los que envían cartas lo hacen para molestar nomás».

El señor de las sotanas blancas y los zapatos negros recuerda el caso de un ateo que le envió una foto de un mono que tenía su cabeza. «No sé si quiso hacerse el gracioso o qué el que hizo eso, pero para nosotros no tiene nada de gracioso creer que somos hijos de una mona como la ciencia lo dice. Como si esta broma tonta no fuera suficiente chiste malo, la imagen estaba recortada así nomás, un trabajo muy mal hecho, desprolijo como vida de hereje».

Pero esto no es lo único que le molesta al hombre que sorprendió al mundo con su sencillez y humildad. Y él mismo lo cuenta: «Lo peor es que hay cartas que son tristísimas. Algunas tienen perfume de vieja, esa clase de perfume tan fuerte que después tenemos que andar quemando incienso para poder respirar. No vemos nada por el humo, chocamos entre nosotros o nos golpeamos contra las columnas, pero se puede respirar». También habla de «otras cartas que incluyen fotos de viejos enfermos por los que debo orar, o de hermanos que me cuentan sus desgracias y me piden consejos para superar la tristeza».

Él asegura que muchas de estas cartas son escritas por personas que no prestan atención. «Hay mucha gente que pregunta cosas que ya dije; siento que hablo como un viejo tonto al que nadie le da un poco de su atención». Le preguntan, por ejemplo, si está a favor o en contra de la guerra o qué opina del aborto.

Esto no es lo único que provoca los comentarios críticos del sucesor de Pedro. «Hay muchísimas cartas que vienen escritas en idiomas que no conozco. No sé qué creen, capaz que piensan que va a bajar Jesucristo para sentarse a mi lado y hacerme las traducciones. Es evidente que algunos de los que dicen ser mis seguidores no leyeron un corno de la Biblia ni saben dónde nací. O tal vez me quieren insultar y se aprovechan mi ignorancia».

Francisco toma su bolígrafo y retoma la escritura con entusiasmo, como si Dios mismo le dictara las palabras.

«Deje de molestar al Papa»

En la última semana, grupos católicos de distintos lugares del mundo organizaron una campaña llamada «Deje de molestar al Papa». La campaña —que ya está circulando con fuerza en las redes sociales— invita a los creyentes a usar Twitter en vez de papel y hace una pregunta para concienciar a las personas: «¿A usted le gustaría recibir 2000 pedazos de papel cuando está rezando antes de tomar su desayuno?».

También aclara que el Papa “no es un amigo por correspondencia” y que “seguramente le importará un pepino lo que tengas para decirle, a menos que seas más importante que él”. Aconsejan “dejar de creer que uno tiene derecho a hacerle perder el tiempo a alguien que fue elegido por Dios”.

Lo único que puedo hacer, para finalizar este post, es pedirles a mis lectores que recen por el Papa. Y que no me envíen cartas. Usen los comentarios del blog.

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2 comentarios en “«El Papa tiene las cartas por el suelo»

    1. No sé qué es “L.M.L”, seguramente es alguna asociación anti fidelina y sulfúrica llena de ateos y apóstatas. Si tú haces eso te ganas un boleto al infierno, y al Papa no le pasaría nada ya que Dios lo protege.

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